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Hard to tell

Ya llevo casi un año y medio dedicado al cultivo del tomate y me sorprende ver todo lo que se puede llegar a aprender a través de esta “simple” labor. Además de todo el conocimiento que he adquirido sobre química, agronomía, biología y demás diciplinas, debo decir que lo más valioso que me ha dejado el cultivo del tomate ha sido un fortalecimiento de varios razgos de mi personalidad. He descubierto que tengo la capacidad de cuidar a otros seres vivos, que tengo la capacidad de planear, el ingenio para encontrar soluciones a los problemas que aparecen y lo más importante, que tengo la capacidad para volver a intentarlo, una y otra vez, hasta lograr el resultado que quiero.
Es increible como la mayoría de las personas que conozco no creyeron en mi cuando empecé a cultivar en primer semestre (mi abuela de hecho me preguntó ” ¿y de esas semillas salen tomates? “) . De hecho creo que sus razones tenían para no creer en mi. Ellos me conocen y saben que yo varias veces en mi vida he tenido la intención de dedicarme a algo sin lograr otro resultado que el abandono al poco tiempo. No obstante, si he cambiado mucho los últimos dos años.
Ahora tengo una visión mucho más clara de la manera como hay que hacer las cosas para que sucedan. Sé que la improvisación en los negocios no es buena y que hay que escuchar los consejos de los demás (sí, reconozco que soy terco a veces). También sé que a las cosas hay que dedicarse por completo y que no hay que rendirse cuando algo no funciona, que eventualmente las cosas salen bien y que es solo adquirir experiencia en cosas pequeñas para lograr hacer cosas más grandes. Nunca me hubiera comido un tomate si hubiera tirado la toalla la primera vez que las cosas salieron mal.
También está el sentimiento incomparable de ver crecer una semilla de 2 mm de diametro hasta ser una planta de un metro y medio. De saber que uno es responsable de todo lo que ocurrió y recordar como esa vida estuvo en manos de uno tantas veces y como uno la cuido todo lo que pudo para que pudiera ser todo en lo que se convirtió. Hay experiencias que nunca se me van a olvidar, la primera flor que vi en una planta, la primera semilla que germinó, el primer tomate que empezó a crecer y no lo duden… No hay fruta, verdura o producto vegetal que sepa mejor que el que viene de una planta que uno cultivo.
Tampoco se me va a olvidar cuando granizó en el primer cultivo y se murieron mis cincuenta plantas, no se me va a olvidar la experiencia de recoger sus indefensos cadaveres del suelo y esperar de manera irrealista a que se curaran. No se me va a olvidar como un hongo asesinó casi todas mis plantas de tomate el segundo cultivo (cabe mencionar, con casi una tonelada de tomate en las plantas). Todavia me culpo por no haberlas regado el día antes de que eso sucediera porque tenía fiebre y había llegado muy enfermo de la universidad. Pero de todo he aprendido y esta cosecha será mucho mejor que las anteriores, eso no lo dudo. (Para recordar, muchas de las imagenes que han pasado ante mis ojos este año y medio)

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